MILITARES JUDÍAS presentan su segundo single
"Canción triste de Beltrán Moner"
![]() |
| Militares Judias |
Inspirados
por la espectrología y el vaporwave, en este segundo single Militares Judías ralentizan una
sintonía de Rafael Beltrán
Moner; ambientador musical y compositor de cabeceras
míticas de TVE como "Hombres y bólidos" o bandas sonoras de
documentales ("15 minutos en el tiempo") entre una infinidad de obras
más.
El 24 de mayo estarán
presentando los temas de lo que será su primer disco "(De)generación acomodada" a
partir de las 12:30 en Sonic Boom (C/
de Albasanz, 79. Madrid). Entrada gratuita.
La letra parte del estándar de góspel
"Jesús gonna make up my dying bed" de Blind Willie Johnson,
versionado por Bob Dylan, Led Zeppelin o Spacemen 3. La unión de estos dos
componentes da como resultado una suerte de blues electrónico que incluye
samples de cantos hollers mezclados con capas de feedback para resolver este
pequeño homenaje a los maestros del pasado y a un tema atemporal e inherente a
nuestra existencia o la ausencia de ella.
MILITARES JUDÍAS: La mordida del perro rabioso
Hay perros viejos que conservan bien la dentadura.
Sus colmillos, aún afilados, están listos para arrancar un buen trozo de carne
en la mordida.
Esta es una premisa imprescindible para entender
el asalto sonoro de Militares Judías. No son nuevos en la plaza: su pelaje
musical ya muestra cicatrices y canas. Por eso, sus temas mezclan lo mejor de
unas cuantas décadas y, sin embargo, saben a nuevo, a recién cocido.
Tal vez porque se han hecho a fuego lento. Ya hace
diez años que César (batería) y Pablo (guitarra, voz, etc.) se encuentran a
través de la amistad común de David (bajo, un músico-guadiana ahora
desaparecido). Empiezan a juntarse en el almacén de un polígono industrial para
tocar versiones: Bauhaus, Ramones, Ilegales... cualquier cosa que les guste.
Distracción, juerga.
Pero, entre la diversión, comienzan a dibujarse
riffs propios que se van registrando en un 4 pistas para jugar con ellos,
retorcerlos, amasarlos. A las bases se añaden teclas, se reproducen las cintas
al revés para que nazcan monstruos nuevos, distintos. Todo ello girando
alrededor de la premisa desdibujada, inconcreta, de mezclar ruido y brutalidad
(The Jesus & Mary Chain, los primeros Dinosaur Jr., los océanos de
distorsión de My Bloody Valentine) con la experimentación de un rock avanzado,
distinto, que juega con texturas incluso electrónicas (Boards of Canada,
Seefeel, Paul White). Por si no bastara, los ecos de Stooges y el rock australiano,
o los aromas post-punk de los primerísimos ochentas, afloran desde su bagaje,
dando forma a una amalgama multitentacular...
Pero el grupo echa momentáneamente el
freno cuando Pablo se escapa un tiempo de la capital. No obstante, lo grabado
en esas improvisaciones infernales va con él, y sigue adelante con ello, lo
rehace una y otra vez hasta darle forma de canciones. Sigue en contacto con
César, trabajando en la distancia, aprovechando visitas intermitentes para
seguir puliendo (o afilando) aristas. Y todo acaba por concretarse en una
docena de temas. Pablo, buscando aprender a usar programas de registro y
edición que les permitan acercase más a las ideas que les bullen en las
cabezas, conoce a Andrey, un técnico de sonido de urban y electrónica. Éste alucina
con lo que escucha, y lo que iba a ser un contacto casual acaba con su
integración en el engranaje de Militares Judías, sonorizando, añadiendo
detalles de sampler... Una pieza más del puzzle. Las letras también se van
concretando: al principio les cuesta, Pablo no tiene ansias de ser un frontman,
tocar y cantar a la vez puede ir en detrimento del resultado. Pero surgen
frases improvisadas para ajustar una melodía de voz, y al final se quedan para
generar textos surrealistas que acaban siendo (otra) marca de la casa.
Surrealistas como su propio nombre: pregúntales y
te dirán que no se acuerdan bien, que piensan que puede tener algo que ver con
Tarantino, aunque también es posible que naciera en alguna pesadilla de sesteo,
tras haber comido un buen plato de sus adoradas fabas. Viniendo de ellos,
cualquier cosa es posible...
Cuidado, que vas avisado desde el inicio: estos
perros están rabiosos y no dan tregua: si te enganchan, ya no te sueltan.
David F. Abel
